Obama y Romney intensifican sus campañas en los estados “bisagra

A poco más de una semana de la elección presidencial en Estados Unidos, los candidatos Barack Obama y Mitt Romney, intensifican sus campañas en los estados “bisagra” o “swing states”, –como se denomina a once estados que no tienen una tendencia partidaria definida– entre ellos Florida con 29 electores, Pennsylvania con 20 y Ohio con 18. No necesita Obama ir a California de clara tendencia demócrata, ni Romney llegar a Utah, donde se sabe que el voto es para los republicanos.

La clave está en el sistema electoral. En la comprensión del alcance real de esta forma de elección, es posible entender las acciones de campaña de los candidatos, la persistencia de los partidos mayoritarios a través del tiempo y, entre otras particularidades, un posible triunfo del candidato menos votado.

n Cada Estado elige electores para el “Colegio electoral”, un número proporcional según la cantidad de habitantes que tengan. Pero con una “particularidad” determinante: “quien gana se lleva todo”. Es decir, que el partido triunfador en un Estado aporta para la Asamblea electoral, la totalidad de las bancas en juego. Así por ejemplo, el Estado de California, el de mayor población, le aportará casi con seguridad 55 votos de los 538 en disputa al Partido Demócrata (el ganador necesita asegurarse el 50% más uno de las voluntades, es decir, 270 votos).

n Este sistema, entonces, anula el acceso de terceros partidos a la discusión política -un proceso similar se repite en la elección de Representantes y Senadores- y vuelca a los candidatos a concentrar sus esfuerzos de campaña en los estados donde las encuestas no muestren un ganador claro. ¿Para qué gastar dinero y energías en regiones ya ganadas o perdidas de antemano?

n El sistema también deja abierta la chance que un candidato con buena performance es una serie de Estados clave pueda ganar la presidencia del país a pesar de no ganar la elección general. Esta es una de las posibilidades que aparecen con mayor fuerza en esta oportunidad ya que muchas encuestas dan a Romney como primero en intención de voto, pero si Obama triunfa en los “swing states” con mayor peso en el colegio electoral, puede quedarse con la reelección, aun habiendo sacado menos votos que su rival. Esto ya sucedió una docena de veces en la historia, y tiene el objetivo de favorecer así el equilibrio federal, aún a costa de la voluntad de la mayoría de la población.

n Otro dato clave es que el voto no es obligatorio. Los electores deben “inscribirse” con anticipación para poder participar, en lo que constituye en un trámite burocrático limitante. Sumado a que la tradición indica que el comicio se lleva adelante el primer martes del mes de noviembre, día laborable, el resultado es que la participación popular raramente supera el 60% de la población (en los últimos dos comicios apenas superó el 50%).

n Los niveles de participación tienen una capital importancia para las chances de los demócratas, puesto que sus tradicionales votantes, las minorías afroamericanas y latinas y la población de menores ingresos en general, son los que tienen una tendencia más alta a no acudir al centro electoral.

n El voto por adelantado, otra de las rarezas del sistema electoral estadounidense, busca aminorar los efectos de la inasistencia. El presidente Obama, con la emisión de su sufragio el jueves pasado, quiso dar un ejemplo. Aunque se calcula que el 30% de los inscriptos utilizarán esta modalidad, hay serios temores de que el huracán “Sandy” que afecta la costa Este del país, obstaculice la asistencia a los centros electorales de esa región de alta densidad de población.