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Miércoles 03 de Marzo de 2021 - 08:48 hs

Tomás Chancalay comenzó a palpitar la final de Racing ante River

“No es imposible ganarle; hay que tener un buen plan”, manifestó el delantero entrerriano surgido de las inferiores de Colón.

Tomás Chancalay, delantero vialense de 22 años, flamante incorporación de Racing, entiende la complejidad de la final de la Supercopa Argentina, pero no se achica. El sacrificio familiar para llegar a Primera, el sueño de jugar en el Bernabeu y su admiración por Maradona y Riquelme.

Jugar en la Casa Blanca, llegar a Primera y vestir una camiseta grande. Pueden ser los sueños de cualquier pibe que apuesta al fútbol como modo de vida. Tomás Chancalay cumplió con esos tres deseos y no necesitó de ningún genio. O sí, de su madre y su abuelo. Porque fueron ellos los que sacrificaron su tiempo para que el niño de Viale recorriera ochenta kilómetros desde su ciudad hasta Santa Fe para construir ese futuro que hoy es un presente que ilusiona.

La carta de presentación de este delantero diestro, de 22 años, admirador de Diego Maradona y Juan Román Riquelme, fue una luz en el medio de la oscuridad que propuso Racing ante Banfield en el Florencio Sola. Entonces, ingresó en el segundo tiempo. La semana pasada, ya de titular contra Aldosivi en Avellaneda, marcó un gol de tiro libre. Se afianzó frente a Estudiantes y será de la partida el jueves, frente a River en Santiago del Estero, por la final de la Supercopa Argentina.

Son horas decisivas y la ansiedad parece dominar al chico entrerriano de hablar pausado, novio de Irina y papá de Stéfano, de apenas tres meses. Chancalay se mudó a Buenos Aires y recién terminó de amueblar su departamento el viernes. Pasó del remanso santafesino a la locura porteña. “Trataré de adaptarme lo más rápido posible”, le dice a Clarín.

Tommy, como le dicen familiares y amigos, empezó a jugar al fútbol en Arsenal de Viale… ¡a los 3 años! Su abuelo y su padre también eran futbolistas, pero amateurs. Volante central y “9”, respectivamente. La pelota venía en los genes, claro. A partir de los 7, mientras empezaba a cursar segundo grado, Orlando Chiardola, el nono, dejaba el trabajo en el campo para conducir hasta Santa Fe, donde recaló en Colón, y llevar a su nieto. También Maricel, su madre psiquiatra, alternaba las consultas con los viajes. La idea era que nunca faltara al colegio, adonde iba a la tarde. Creció y se mudó a Paraná, para estar más cerca del estadio Brigadier López. De adolescente, recaló en la pensión. Y el 26 de agosto de 2017 debutó en la Primera del equipo rojinegro ante Central.

A los 11, se dio el gusto de jugar en el estadio del Real Madrid. “Ganamos el torneo de La Serenísima con Colón y representamos a la Argentina en España. Jugamos contra Polonia. El sueño de cualquier futbolista es jugar en el Bernabeu. Fue increíble conocer ese estadio. Cada tanto, miro los videos. Fue la primera vez que viajamos en avión. Cuando sos chico, no tomás la magnitud de lo que significa vestir una camiseta de la Selección y hacerlo en semejante cancha”, narra con un sesgo nostálgico.

-¿Te tomó por sorpresa el llamado de Pizzi para jugar en Racing?

-Fue algo que me sorprendió y me puso muy contento. Estaba saliendo de entrenar en Colón, miro el teléfono y era Juan. Me dijo que había una oportunidad de jugar en Racing, si me parecía bien y estaba de acuerdo, que no era nada seguro, pero iban a hacer las gestiones. Llegué a mi casa muy feliz. Le hinchaba (sic) a mi novia. Le decía: “No lo puedo creer”. Pasaron por un par de semanas que me parecieron eternas y, bueno, acá estoy.

-¿Siempre pateaste tiros libres? Hoy sos el dueño de la pelota parada.

-En las inferiores, siempre. En Colón no tuve tantas oportunidades porque compartía el equipo con el Pulga Rodríguez. No te dejaba agarrar la pelota, jaja… Lo entrenamos en la semana, salió bien y Juan y mis compañeros me dieron mucha confianza.

-¿Tenés algún espejo en el fútbol?

-Me encantaba mirar a Maradona y Riquelme. La pegada, cómo jugaban, la tranquilidad cómo enfrentaban cada partido, los pases… A Diego lo vi más por videos que otra cosa. A Román lo seguí mucho por televisión.

-¿Te sentís más cómodo por la derecha, apostando a tu perfil, o por la izquierda aprovechando la diagonal?

-Me gusta jugar más por la izquierda, me queda bien el perfil hacia adentro. Pero no tengo problemas en desempeñarme por la derecha. Donde el técnico me diga, ahí voy a jugar.

-¿Por qué le está costando tanto al equipo?

-En la semana estamos trabajando de la mejor manera. Acá somos muchos chicos nuevos, nos tenemos que adaptar al club. No es fácil, son periodos de transición. El cuerpo técnico también llegó hace poco. Tenemos que ajustar algunas cositas, de a ratos hicimos cosas buenas, mismo el segundo tiempo del partido con Aldosivi. Es un plantel con jugadores de muchísima calidad. Hay que tener paciencia.

-¿Y cómo te tratan los referentes? Se fue Lisandro, pero están Iván Pillud y Darío Cvitanich como estandartes.

-Me han tratado muy bien; no sólo a mí, a todos los nuevos, Nos están ayudando un montón, ellos saben cómo se lleva adelante el vestuario. Eso me dejó muy tranquilo porque sólo tengo que dedicarme a entrenar. Son un gran respaldo.

-¿Es difícil para un pibe del interior venir a Buenos Aires y jugar en un equipo grande? ¿Cómo hacés para no marearte con las luces de la fama?

-Siempre fui muy tranquilo. No creo que tenga problemas y vaya a perder la cabeza. Lo tomo con mucha naturalidad y no vuelo, tengo los pies en la tierra. Siempre fui un muchacho tranquilo, de perfil bajo.

-¿Cómo imaginás el duelo con River?

-La verdad es que, desde que llegué a Racing, estoy esperando ese partido. Me genera ansiedad, que haya una final cerca es algo que me motiva mucho. Es un objetivo que está a la vuelta de la esquina, la posibilidad de ganar un título.

-Pillud dijo que hoy el equipo no estaba para competir con River. ¿Es imposible ganarle la Supercopa Argentina a un rival que hace 7 años está en un alto nivel?

– No, yo creo que no es imposible. Estamos trabajando para ganarles. En el fútbol se puede dar cualquier cosa, hay que saber muy bien qué vamos a hacer, tener un buen plan. Seguro dejaremos todo en la cancha para ser campeones.

Fuente: Clarín

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