Comer de pie, apurado o en movimiento impacta más de lo que pensás
Cómo comés influye tanto como qué comés; pequeños cambios hacen la diferencia.
La forma en que comés también influye en tu digestión, tu energía y tu relación con la comida. Hacerlo parado, en la calle o mirando el teléfono puede afectar más de lo que imaginás.
¿Qué pasa cuando comés así?
1. Tu sistema digestivo trabaja peor: estar en movimiento o tensionado activa el sistema simpático (estrés), no el parasimpático (descanso y digestión). Esto puede generar hinchazón, gases o digestiones más lentas.
2. No registrás saciedad real: comer apurado reduce la percepción de “estoy lleno”. Esto puede llevar a comer de más o a seguir con hambre al rato.
3. Se vuelve una acción automática: cuando no estás presente, no hay disfrute ni vínculo real con lo que comés. Se vuelve un trámite.
4. Aumenta el riesgo de atracones o elecciones impulsivas: comer así suele estar asociado a picoteo, ansiedad o falta de planificación.
5. Tu cuerpo lo recibe como estrés: aunque no te des cuenta, comer en tensión (de pie, caminando, mirando mails) suma carga al sistema nervioso.
¿Y si no tengo tiempo? No hace falta sentarse una hora con mantel. Con 5 a 10 minutos reales de pausa, sin pantallas ni apuro, ya hay beneficio.
Algunas ideas:
– Apoyar el plato, sentarte, respirar y enfocarte en el momento
– Si estás en el trabajo, elegir un espacio específico para comer, aunque sea chiquito
– Masticar más lento: aunque sea la misma comida, va a caer mejor
– No responder mensajes ni mirar noticias mientras comés
– Evitar comer “en tránsito” (en la calle, subte, auto, etc.) salvo que sea inevitable
Cómo comés influye tanto como qué comés. Darte unos minutos de pausa real mejora tu digestión, tu energía y hasta tu estado de ánimo. Aunque tengas poco tiempo, vale la pena intentarlo.