"Una carta orgánica debe plasmar qué tipo de ciudad pensamos para el futuro"
El arquitecto Miguel Rodríguez, decano de la Facultad de Arquitectura de la UNL, analizó los desafíos del ordenamiento territorial de Santa Fe de cara al debate por las constituciones locales. El crecimiento en altura, la falta de infraestructura y las falsas promesas de las "ciudades inteligentes".
La consagración de la autonomía de los gobiernos locales en la nueva Constitución provincial abrió la puerta para que los municipios santafesinos comiencen a proyectar sus propias cartas orgánicas. En este escenario, la planificación urbana se posiciona como un eje fundamental. "Para los estados locales, la dimensión físico-espacial adquiere una relevancia muy particular. La posibilidad de que el modelo de ciudad quede plasmado en una carta constitutiva es un paso histórico", afirmó el arquitecto Miguel Rodríguez, decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), en diálogo con LT10.
El especialista —quien participará esta tarde de un conversatorio sobre el componente territorial en las cartas orgánicas— recordó que, según la teoría del derecho, el Estado se compone de población, relaciones sociales y territorio. "De mi parte, voy a aportar una mirada sobre el valor estratégico que tiene el suelo en este proceso de reforma", anticipó.
El mito de la densidad: ¿Santa Fe es una ciudad compacta o estancada?
Al ser consultado sobre un reciente informe de la ONG Tejido Urbano, el cual señala que el aglomerado del Gran Santa Fe es el que menos expandió su mancha urbana en términos horizontales, Rodríguez invitó a analizar el dato con cautela.
-
El análisis de la densidad: "La sola lectura de la densidad urbana indica únicamente que la población vive más concentrada o construye sus edificios en un área más reducida. Para que este índice adquiera un sentido real, hay que contrastarlo con variables económicas, como el Producto Bruto Geográfico (PBG). Podemos tener una ciudad muy compacta pero pobre, o una ciudad compacta pero rica", explicó.
-
El crecimiento vertical y el colapso de servicios: Ante la falta de expansión horizontal hacia el norte o el sur (donde proliferan loteos y barrios privados), Santa Fe creció "hacia arriba". Esta concentración en el casco urbano consolidado trae aparejadas consecuencias directas: la saturación de los sistemas de cloacas y la presión sobre la red de agua potable.
"Hubo decisiones que no fueron las más afortunadas en el pasado. El futuro consiste en ir remediando lo que no se hizo bien y potenciar las situaciones favorables para lograr el objetivo central: que la población tenga la mayor calidad de vida posible. Cuando las decisiones fallan, las padece el grueso de los vecinos", advirtió Rodríguez.
Infraestructura frenada y el desafío de la descentralización
La falta de planificación e inversión también profundiza las asimetrías geográficas dentro de la propia capital provincial. Mientras el centro se densifica, los barrios del norte sufren la carencia de servicios esenciales.
Rodríguez coincidió en la necesidad de debatir una ciudad más descentralizada, integrada de norte a sur, pero advirtió que los tiempos de la política muchas veces chocan con los de la infraestructura. Un ejemplo claro de esto es la parálisis de las obras de ampliación de la planta potabilizadora de agua —vital para abastecer a los barrios del norte— debido a la quita de fondos y al incumplimiento de los compromisos asumidos por el Estado nacional.
Para el decano de la UNL, el urbanismo moderno no se limita a un diseño técnico: "En la academia ya reconocemos abiertamente el componente político del urbanismo. Nosotros aportamos el dato técnico, cuantitativo y verificable; pero el territorio es una construcción colectiva en la que se cruzan intereses. Debe haber un consenso social previo sobre cómo queremos relacionarnos con nuestro entorno". En ese sentido, trazó un paralelismo con los Países Bajos: "Ellos decidieron ganarle un 20% de suelo al mar porque definieron un objetivo común. Nosotros estamos hackeados por el agua, pero con una planificación clara se pueden pensar desde canales hasta viviendas lacustres".
Finalmente, respecto a las tendencias globales que resuenan en los ámbitos teóricos y políticos, como las Smart Cities (ciudades inteligentes) o las "ciudades de 15 minutos" —un modelo de cercanía popularizado en París—, Rodríguez se mostró pragmático.
"Son estrategias que a algunas ciudades del mundo les han dado buen resultado, pero muchas veces hay marketing, adjetivación y nombres de fantasía para promover ideas. En el urbanismo no existen dos ciudades iguales; nuestro universo de trabajo es de una gran heterogeneidad", sentenció.
Para el especialista, el verdadero desafío de la capital provincial no es replicar recetas extranjeras de forma lineal: "Ser inteligente es entender esas ideas y reinterpretarlas según las necesidades locales. Más que 'ciudades inteligentes', lo que necesitamos son decisiones inteligentes, y esas decisiones las toman las personas con sensatez, creatividad y ajustándose a la realidad santafesina".
Audio: Miguel Rodríguez, decado de la FADU
Su navegador no soporta audio HTML