No fue el dueño de la pelota, pero sí del partido. Unión entendió qué hacer, cuándo hacerlo y cómo lastimar. El 3-1 ante Sarmiento en el Eva Perón no solo dejó una victoria clave para quedar a cuatro puntos de la cima de la Zona A, sino también una radiografía clara de un equipo que fue quirúrgico.
El dato más revelador rompe con la lógica tradicional: Unión tuvo la pelota apenas el 42% del tiempo. El resto fue de Sarmiento. Pero ese dominio territorial del local fue una ilusión óptica. Porque cada vez que el Tatengue atacó, lo hizo con una intención clara y una efectividad superior. Terminó el partido con 13 remates, ocho de ellos al arco. Su rival, en cambio, pateó 12 veces y solo cinco encontraron destino de gol. Ahí estuvo la diferencia entre insistir y golpear.
El primer tiempo fue la clave. Unión no solo fue superior: fue determinante. Leyó los espacios, aceleró en el momento justo y transformó sus avances en goles. No necesitó acumular pases, sino tomar buenas decisiones. Cada avance tuvo sentido, cada aparición en campo rival generó preocupación.
El segundo tiempo mostró otra cara. Con la ventaja en el bolsillo, el equipo santafesino bajó el ritmo y el desarrollo se inclinó por momentos hacia el arco defendido por Unión. Sarmiento adelantó líneas, sumó siete tiros de esquina contra apenas dos de su rival y empujó con más voluntad que claridad.

Unión, en cambio, eligió resistir, agruparse y esperar el momento para liquidarlo.La síntesis es contundente: Unión no necesitó dominar para imponerse. Fue práctico, inteligente y feroz cuando tuvo la oportunidad. Cambió cantidad por calidad. Y en esa elección, encontró algo más que un triunfo: encontró una identidad.