Elisa "Kuki" Lisnovsky no eligió el activismo, pero la realidad la empujó a él. Tras la muerte de su hija Claudia, quien padeció un cáncer de ovarios terminal y cuyo deseo de una muerte asistida fue denegado, Lisnowski se convirtió en una de las voces más firmes en la defensa del derecho a la muerte digna y la eutanasia en el país.
En diálogo con LT10,Lisnovsky recordó el "tortuoso y cruel" final de su hija: "Claudia pidió a su médica paliativista que la durmiera y su voluntad no fue respetada. Terminó siendo un esqueleto con piel, manteniendo su lucidez hasta el último momento. Eso me impulsó a militar por el derecho a la muerte médicamente asistida".
Eutanasia y suicidio asistido: las diferencias
Durante la entrevista, Lisnovsky aclaró conceptos que suelen confundirse en el debate público. "En ambos casos hay asistencia médica. La diferencia radica en quién ejecuta la acción: en la eutanasia, el médico inyecta la sustancia letal; en el suicidio asistido, es la propia persona quien ingiere el cóctel de drogas".
Actualmente, existen al menos seis proyectos de ley en el Congreso Nacional de diferentes fuerzas políticas, pero el debate sigue postergado. "Hay un silencio atronador. Los medios deberían preguntarles a los legisladores por qué no se tratan estos proyectos que son muy parecidos entre sí", denunció.
Voluntad anticipada y el rol del Estado
Lisnowski destacó que, aunque es poco conocido, desde 2012 rige en Argentina la Ley de Muerte Digna, que permite las Directivas Anticipadas. "Cualquier persona mayor de 18 años puede dejar por escrito cómo quiere que sea su final de vida. No hace falta escribano, con dos testigos es suficiente", explicó, subrayando que el desconocimiento de estos instrumentos es una barrera para el ejercicio de los derechos de los pacientes.
Ante la consulta sobre la objeción de conciencia de los médicos, la activista fue clara: "Se incluye en los proyectos, pero el médico que no adhiera por sus creencias debe derivar de forma inmediata a la persona a un profesional o institución que sí lo haga".
Un debate social pendiente
Comparando la situación con hitos como la Ley de Divorcio o el Aborto Legal, Lisnovsky desestimó el argumento de la "pendiente resbaladiza" (la idea de que, de aprobarse la ley, todos buscarían la eutanasia). "En los países donde es ley, solo el 3% de los pedidos son aprobados. Tener el derecho en la mano alivia el sufrimiento existencial y muchas personas, al tener esa tranquilidad, llegan naturalmente hasta el final de su vida", argumentó.
Finalmente, hizo un llamado a la laicidad del Estado: "Mi vida es mía, de nadie más. No es de los médicos, ni de los jueces, ni de la religión. El derecho no obliga a nadie; lo que obliga es la ausencia de derecho", concluyó en una charla que invita a sacar los tabúes de la agenda pública.
