Tras el ataque ocurrido en San Cristóbal el 30 de abril, la abogada y perfiladora criminal Constanza Lamarque explicó que existen comunidades en plataformas como Discord o Telegram donde adolescentes vulnerables validan sus fantasías de violencia
"En estos grupos cerrados se fomenta una fascinación por asesinos seriales y tiroteos escolares, otorgándoles a los jóvenes un "guion" que legitima sus impulsos previos. Esta subcultura puede actuar como un apoyo psicológico para quienes ven a estos atacantes como héroes o mártires", analizó.
El perfil de estos jóvenes, según indicó por LT10 la especialista, suele incluir una fuerte carga emocional y falta de recursos para lidiar con los sentimientos, lo que genera aislamiento y resentimiento hacia sus pares.
"En el caso del tirador de Santa Fe, existían señales que no fueron tomadas en cuenta, como las autolesiones y un retraimiento repentino de su entorno social. Es fundamental destacar que, aunque se suele buscar explicaciones rápidas como el bullying, este factor no siempre está presente en todos los casos de tiradores".
La experta subrayó que estos hechos no son producto de una decisión impulsiva, sino de una planificación deliberada del lugar, el día y la hora. Un dato clave es que el 80% de los atacantes comunica sus intenciones previamente a través de comentarios, redes sociales o dibujos. "Además, suelen mostrar una fijación obsesiva con las armas, el racismo y contenidos de violencia extrema antes de que ocurra un "evento gatillo" que detone la acción definitiva.
En términos ideológicos, muchos de estos adolescentes se vinculan con corrientes extremistas, manifestando odio en sus redes sociales mediante simbología como esvásticas.
Lamarque mencionó que la globalización de este fenómeno, anteriormente asociado casi exclusivamente a Estados Unidos, exige que las autoridades locales dejen de "taparse los ojos"
El acceso a la información y la falta de control parental en el ámbito digital facilitan la radicalización de estos menores. Para prevenir futuros incidentes, se propone la implementación de protocolos de evaluación de amenazas y canales de denuncia anónimos en los colegios.
Además, indicó que es vital que exista un intercambio fluido de información entre las instituciones educativas y las familias para no ignorar conductas de riesgo detectadas en el hogar.
Finalmente, la especialista instó a los padres a realizar un monitoreo digital activo de las actividades de sus hijos para intervenir antes de que pasen a la acción.