Unión volvió a dejar en claro una de las claves que explica su irregular campaña: la enorme diferencia entre lo que produce en los primeros tiempos y lo que termina mostrando en los segundos. La derrota ante Estudiantes en La Plata fue una síntesis perfecta de esa tendencia que se repite fecha tras fecha.
El equipo de Leonardo Madelón había arrancado bien en La Plata y se puso en ventaja con el gol de Marcelo Estigarribia, ratificando su buen rendimiento en las primeras mitades. Sin embargo, en el complemento volvió a perder consistencia y lo terminó pagando caro: el Pincha lo dio vuelta con los tantos de Fabricio Pérez y Mikel Amondaraín.
Un dominio que no se traduce
Los números son contundentes y reflejan un patrón claro. Más allá de que aún resta completarse la fecha 14, Unión suma siete victorias, cinco empates y apenas una derrota en los primeros tiempos. Con 11 goles a favor y solo dos en contra, acumula 26 puntos, lo que representa una efectividad del 66,67%.
Es decir, en los primeros 45 minutos, Unión es uno de los equipos más competitivos del torneo: sólido, ordenado y eficaz.
El derrumbe en los complementos
El problema aparece después del descanso. En los segundos tiempos, el rendimiento cae de manera marcada. Unión ocupa el puesto 24, con apenas dos victorias, cinco empates y cinco derrotas.
Los números también lo reflejan: siete goles a favor y 12 en contra, con apenas 11 puntos cosechados, lo que equivale a una efectividad del 30,56%.
La diferencia es notoria y explica por qué el equipo no logra sostener resultados que muchas veces arranca ganando.
Un déficit que condiciona
El caso de Estudiantes no es aislado. Unión ya había mostrado esta dificultad en otros partidos del torneo, donde pasó de dominar a sufrir en cuestión de minutos. La falta de consistencia, los cambios de ritmo y la imposibilidad de cerrar los encuentros terminan siendo un lastre.
El equipo muestra una cara en el inicio y otra muy distinta en el cierre. Y en un torneo parejo, esa irregularidad cuesta puntos.
La cuenta pendiente
Unión tiene argumentos para competir: lo demuestra en los primeros tiempos. Pero necesita trasladar esa solidez a los segundos si quiere dar el salto.
Por ahora, el equipo vive en ese contraste permanente. Y mientras no logre equilibrar esas dos versiones, seguirá dejando la sensación de que puede mucho más de lo que finalmente consigue.