El 8 de mayo de 1982 quedó marcado para siempre en la historia de la Fórmula 1. Ese día murió Gilles Villeneuve durante la clasificación del Gran Premio de Bélgica en Zolder y el deporte perdió a uno de los pilotos más espectaculares, carismáticos y queridos de todos los tiempos.
A 44 años de aquel accidente, el canadiense sigue siendo una figura de culto dentro de la máxima categoría. Nunca fue campeón del mundo y apenas ganó seis carreras, pero su forma de correr lo convirtió en una leyenda absoluta para Ferrari y para millones de fanáticos alrededor del planeta.
Villeneuve manejaba al límite en cada curva, atacaba constantemente y entendía las carreras como un espectáculo total. Por eso muchos lo apodaron el “Diablo más loco de la F1”, una definición que todavía hoy aparece cada vez que se habla de sus maniobras imposibles y de su estilo agresivo.
El piloto que conquistó a Enzo Ferrari
Gilles Villeneuve llegó a Ferrari a finales de 1977 para disputar las últimas dos carreras de la temporada. Cuando Enzo Ferrari lo vio por primera vez, quedó impactado por su personalidad y por la manera en la que manejaba.
“Cuando me presentaron este ‘piccolo canadese’, este minúsculo manojo de nervios, enseguida reconocí en él el físico de Nuvolari”, recordaría años después Il Commendatore, comparándolo con Tazio Nuvolari, uno de los mayores ídolos históricos del automovilismo italiano.
El comienzo del canadiense en Maranello estuvo lejos de ser sencillo. Parte de la prensa italiana cuestionó rápidamente su nivel e incluso llegó a pedir que Ferrari rescindiera su contrato. Sin embargo, Enzo Ferrari decidió respaldarlo.
Con el tiempo, esa relación se transformó en una de las más recordadas de toda la Fórmula 1. Villeneuve terminó siendo adoptado casi como un hijo por el fundador de Ferrari y se convirtió en uno de los pilotos más queridos en la historia de la Scuderia.
En 1979, Gilles fue subcampeón del mundo detrás de su compañero Jody Scheckter y ayudó a Ferrari a conquistar el campeonato de constructores.
La batalla histórica con René Arnoux
Si existe una carrera que explica quién fue Gilles Villeneuve, esa probablemente sea el Gran Premio de Francia de 1979 en Dijon-Prenois.
Aquel día protagonizó junto a René Arnoux una de las peleas más impresionantes que tuvo la Fórmula 1. Ambos pilotos lucharon rueda a rueda durante las últimas vueltas, se tocaron varias veces y dejaron una secuencia histórica que todavía hoy sigue apareciendo en todos los compilados clásicos de la categoría.
Villeneuve terminó quedándose con el segundo puesto, aunque el resultado quedó completamente en segundo plano frente al espectáculo que dieron en pista.
“Aquel duelo con Villeneuve es algo que nunca olvidaré”, reconoció tiempo después Arnoux. “Me había ganado el mejor piloto del mundo”.
Las frases que mejor definían a Gilles Villeneuve
“Yo no corro por dinero, lo hago para divertirme”.
“Si no voy rápido, no me divierto”.
“La carrera perfecta para mí es lograr la pole en el último momento y ponerme primero en la última curva”.
“No tengo miedo a los accidentes”.
“Si estás luchando por la pole, tal vez tengas que aplastar el miedo”.
“El deporte es más importante que cualquiera de las personas involucradas”.
“Si el dinero desapareciera mañana, yo seguiría corriendo igual”.
“Me encanta correr, mientras que los empresarios se habrán ido”.
El día que manejó “a ciegas” en Canadá
Otro de los momentos más recordados de su carrera ocurrió en el Gran Premio de Canadá de 1981, disputado bajo una lluvia torrencial en Montreal.
Durante la competencia, el alerón delantero de su Ferrari se movió y comenzó a taparle completamente la visión. A pesar de eso, Villeneuve siguió manejando prácticamente “a ciegas”, sacando la cabeza del cockpit para intentar orientarse.
El canadiense explicó después que utilizaba las referencias del circuito para calcular dónde debía frenar en cada curva. Incluso con el auto dañado, continuó peleando posiciones y terminó tercero en una actuación heroica.
A falta de pocas vueltas, el alerón terminó desprendiéndose completamente, afectando todavía más el comportamiento aerodinámico del monoplaza. Pese a eso, logró completar la carrera y subir al podio en una actuación que quedó grabada para siempre entre los fanáticos.
Villeneuve murió en Bélgica en 1982, pero su figura trascendió generaciones. Décadas después, sigue siendo recordado como uno de los pilotos más valientes, imprevisibles y espectaculares que tuvo la Fórmula 1.