La controversia en torno al proyecto de ley que debate la Legislatura provincial para prohibir la actividad de los cuidacoches —conocidos popularmente como "trapitos"— sumó un actor clave al debate. El Arzobispado de Rosario, encabezado por el monseñor Eduardo Martín, mantuvo un encuentro con trabajadores del sector para conocer de primera mano su realidad y sentar una postura institucional fundamentada en la vulnerabilidad social.
En diálogo con LT10, el padre Fabián Montes, delegado episcopal de la Pastoral Social de Rosario y vicepresidente de Cáritas local, expuso la mirada de la Iglesia y reclamó que la futura normativa no se convierta en una herramienta de criminalización de la pobreza.
Distinguir el delito de la necesidad de subsistencia
El sacerdote fue categórico al señalar que el debate parlamentario debe trazar una línea clara entre los hechos delictivos y las estrategias de supervivencia de los sectores más postergados.
"Hay que distinguir para no ser injustos. Toda la parte de extorsión, violencia y amenazas —que no apoyamos en absoluto y pedimos que se sancione y controle— no tiene nada que ver con los hermanos de los que estamos hablando. Esas son mafias o delitos que ya tienen su castigo previsto en la ley".
En contraposición, Montes defendió a un amplio sector de personas que recurren a esta actividad de manera pacífica y respetuosa: "Hay una cantidad de personas que buscan esto como una forma de solventarse, de llevar un peso a su casa, que no hacen nada ilegal ni dañan a nadie. El obispo nos pidió 'humanizar la discusión'. Cuando uno le pone rostro, historia y nombre a la problemática, las cosas se aclaran".
Historias de vulnerabilidad detrás del "mango" diario
Durante la entrevista, el referente de la Pastoral Social compartió algunos de los relatos recogidos en la reunión con los cuidacoches, graficando la compleja realidad socioeconómica actual:
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Pérdida de empleo y salud: Una de las mujeres presentes comenzó a trabajar en la calle tras el cierre de la empresa que la empleaba. Lo que recauda complementa una pensión de la Ley 5110 para sostener a su madre enferma de diabetes, afectada por el recorte en la entrega de medicamentos.
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El costo de la vivienda: Otro de los testimonios dio cuenta de un hombre que subsiste día a día para costear una habitación en una pensión informal, cuyos valores resultan restrictivos ante la falta de garantías para un alquiler tradicional.
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Situaciones extremas: Se relevaron casos de familias con hijos internados por enfermedades graves como la tuberculosis, que encuentran en el espacio público su única alternativa de ingresos.
"Para muchos, los pesos que juntan en la jornada representan la diferencia entre tener algo para comer o no tener nada. La prohibición absoluta implica englobar y castigar también a estas personas", advirtió el sacerdote.
El impacto de una prohibición sin alternativas
Al ser consultado sobre la viabilidad del proyecto que avanza en la Legislatura santafesina, Montes se mostró respetuoso de la división de poderes, pero cuestionó la efectividad de una solución puramente punitiva.
"A nadie le gusta que la gente tenga que trabajar en la calle; todos querríamos un trabajo registrado y digno. Pero la realidad social no desaparece por decreto. Si se prohíbe hoy, ¿mañana dónde va esa gente? Mágicamente no van a desaparecer", interpeló.
En ese sentido, desde Cáritas Rosario señalaron que la demanda de asistencia es constante y que existe una marcada escasez de puestos de trabajo. "No romantizamos la pobreza, pero antes de prohibir hay que acompañar, capacitar y ofrecer alternativas reales. De lo contrario, la medida queda en un puro voluntarismo que solo empuja más al fondo a los que ya están en el fondo del tarro", enfatizó.
Disposición al diálogo legislativo
Finalmente, tras la resolución de la Cámara de Diputados de convocar a una audiencia pública el próximo miércoles 3 de junio para escuchar a los distintos sectores involucrados, el padre Montes confirmó la voluntad de la Iglesia de realizar su aporte técnico y pastoral.
"Si nos convocan, vamos a ir a expresar nuestra opinión con el mayor de los respetos. La idea no es sumar peleas estériles, sino aportar otra mirada. El problema de fondo no es 'trapitos sí o trapitos no', sino cómo tratamos como sociedad a los más vulnerables: si los ocultamos o si nos hacemos cargo entre todos", concluyó.