La crisis económica, el desgaste social y la preocupación por el presente de muchas familias santafesinas también se reflejan en los espacios de escucha cotidianos. En parroquias, instituciones barriales y comedores, el impacto de la situación se traduce en historias concretas: personas que buscan contención, familias que llegan con más necesidades y jóvenes atravesados por incertidumbres cada vez más profundas en tiempos marcados por la fragmentación y la angustia.
El sacerdote comenzó por su propia experiencia. Después de atravesar una extensa rehabilitación tras la fractura de esternón que sufrió en un accidente de tránsito, aseguró que ese tiempo dejó aprendizajes profundos. “La verdad es que uno crece cuando aprende a vivir con las limitaciones”, expresó en el piso de la radio.
Y agregó: “Las limitaciones no nos disminuyen, sino que nos hacen ver nuestra realidad. Si las asumimos sobrenaturalmente, son un camino de salvación”.
Durante ese período, contó que estuvo internado y luego pasó varios meses sin poder retomar el contacto habitual con los vecinos. Sin embargo, aseguró que la cercanía de la gente fue determinante. “Es impresionante la cantidad de personas que rezaron por mí. Incluso gente no creyente que me acompañaba con su buena onda. Eso también me hizo mucho bien”, relató.
La realidad en los barrios
Ya de regreso a la actividad pastoral, Arguinchona sostuvo que el panorama social que encuentra todos los días en Santa Fe se profundizó en los últimos meses. “Está un poquitito peor, no hay duda”, afirmó.
En ese sentido, describió que la preocupación económica aparece de forma permanente en las familias que se acercan a la parroquia: “Es muy triste ver a familias que antes tenían un estándar de vida no holgado, pero al menos les alcanzaba para vivir dignamente, y que en este momento no lo pueden hacer”.
Uno de los sectores que más le preocupa son los jubilados. “El tema de la clase pasiva es tremendo. Tener que optar entre comer y comprar un remedio realmente es tristísimo después de haber trabajado toda una vida”, señaló.
Para el sacerdote, esa tensión económica también termina afectando los vínculos personales. “Eso genera a veces desencuentros familiares. La vida no es la misma y esos problemas inciden en las relaciones humanas también. Eso se está notando y mucho”.
Juventud y consumos problemáticos
Consultado sobre la juventud y su vínculo con la Iglesia, el párroco planteó que existe una búsqueda espiritual fuerte, aunque convive con nuevas formas de ansiedad y frustración alimentadas por las redes sociales.
“Me acuerdo de que una vez alguien dijo: ‘El mundo ofrece alegrías que duran un cuarto de hora’. Y realmente es así. Son pantallazos de felicidad”, sostuvo. Y completó: “Cristo nos ofrece una felicidad plena y profundísima, pero que cuesta esfuerzo. Las soluciones fáciles nunca las creamos porque no existen”.
Arguinchona aseguró que, pese a las dificultades, también encuentra señales positivas en la comunidad. En Colastiné, explicó, la participación juvenil sigue creciendo y la vida parroquial se sostiene sobre una presencia activa de chicos en distintas tareas pastorales y comunitarias. “Yo estoy en una comunidad que realmente tiene una cantidad de jóvenes impresionante. No solamente por cómo trabajan, sino fundamentalmente por cómo rezan”, contó.
A la vez, puso el foco en un problema que atraviesa a toda la sociedad y que golpea de cerca en los barrios: el avance de las adicciones. “Lo que está pasando con el tema de la droga es terrible. La cantidad de jóvenes adictos que hay nos está mostrando un vacío. Nos está faltando mucho como sociedad, no solamente como Iglesia”, planteó.
El rol de la clase dirigente
Durante la entrevista también hubo lugar para hablar del clima social y político del país. Allí retomó la reciente homilía del arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, por el 25 de Mayo, y destacó especialmente el llamado a dejar de lado los intereses sectoriales.
“Qué lindo que la clase dirigente se reúna en torno a una mesa, pero no para ver cómo ganar elecciones, sino para que juntos trabajen por los paralíticos”, expresó. Y dejó una reflexión vinculada a la realidad argentina: “En nuestro país muchas veces se buscan responsables de los problemas, pero cuesta encontrar soluciones. La pobreza estructural hace décadas que no disminuye”.
En la recta final, Arguinchona también habló del trabajo solidario que se sostiene en la zona de la costa, donde actualmente acompañan a más de 300 familias y avanzan con proyectos sociales y de infraestructura en barrios vulnerables. “La solidaridad está presente. El problema es que hay personas que antes ayudaban y hoy están siendo ayudadas”, resumió.
De todos modos, insistió en que sigue viendo gestos concretos de compromiso en Santa Fe y que ahí aparece una de las claves para atravesar el momento. “Lo poquito que cada uno puede poner es importante. No pensemos que es poco al lado de la inmensidad de los problemas. Cuando eso se pone en comunidad, se multiplica”.
Antes de despedirse, dejó un mensaje abierto con una mirada puesta en el presente que atraviesa a tantas familias santafesinas: “Que la Virgen nos acompañe y que la gracia de Dios nos fortalezca a todos. Creyentes y no creyentes, unidos por una Santa Fe, una Argentina y un mundo mejor”.