La reciente decisión del Reino Unido de restringir el acceso a redes sociales a menores de 16 años ha dado un nuevo impulso en Argentina a la iniciativa Pacto Parental, una organización de padres preocupados por el impacto de la tecnología en el desarrollo infantil
Ignacio Castro, referente de la organización, advierte sobre el daño cognitivo y la necesidad de postergar el acceso a la tecnología para proteger a las nuevas generaciones.
Según el especialista, la situación es crítica: "el teléfono está friéndole el cerebro a nuestros hijos", debido a la gratificación permanente de dopamina que interviene en el desarrollo neurológico, provocando trastornos de ansiedad, sueño, depresión y autolesiones.
El análisis de Castro destaca una brecha alarmante entre las recomendaciones científicas y el comportamiento social en Argentina:
La edad de inicio: En Argentina, un niño recibe su primer teléfono, en promedio, a los 9,6 años (según datos de UNICEF), a pesar de que la ciencia indica que el cerebro no está preparado para un smartphone hasta los 14 años, ni para la comparación constante de las redes sociales hasta los 16.
Contexto internacional: Mientras países como Inglaterra y Australia avanzan en prohibiciones, y Chile ha prohibido los teléfonos en las escuelas, en Argentina se está comenzando a tomar conciencia a través de acuerdos colectivos en colegios para retirar los dispositivos del entorno escolar.
La analogía del cigarrillo y la responsabilidad parental
Castro compara la situación actual de los celulares con la naturalización del cigarrillo en décadas pasadas. Así como la humanidad tardó décadas en entender lo nocivo del tabaco, hoy estamos en una "etapa iniciática" donde empezamos a comprender el daño de los teléfonos en la mente infantil. El entrevistado es tajante al rechazar la idea de "educar" en el consumo a niños de 10 años: "Es una lucha muy desigual" frente a una industria diseñada por científicos e ingenieros para captar la atención de forma adictiva.
El riesgo de la "desigualdad cognitiva"
Uno de los puntos más preocupantes del análisis es el concepto de desigualdad cognitiva. Castro menciona estudios que sugieren que estamos frente a la primera generación menos inteligente que su predecesora.
Diferencia de clases: Mientras las élites en países desarrollados están volviendo al papel y reduciendo el uso de pantallas, los sectores más vulnerables consumen un promedio de 8 horas diarias de teléfono.
Consecuencia social: Esto convierte la capacidad de pensar en un "privilegio de clase", donde solo los niños cuyos padres logran sacarlos de las pantallas y devolverlos al juego no supervisado mantienen su potencial de desarrollo cognitivo.
Finalmente, el Pacto Parental se propone no como una prohibición, sino como un acuerdo colectivo para postergar el acceso a la tecnología hasta que los jóvenes estén capacitados para usarla, entendiendo que el celular "no es un regalo inocente" y que proteger la infancia es una responsabilidad que los padres deben asumir sin delegarla al Estado