La derrota frente a Ferro no fue una más para Colón. No solo significó perder tres puntos en una cancha complicada, sino también dejar escapar una oportunidad inmejorable para meterse definitivamente en la pelea por el ascenso directo. El 2-0 en Caballito volvió a exponer el principal déficit del equipo de Ezequiel Medrán: la imposibilidad de sostener una línea de rendimiento.
El conjunto rojinegro llegaba con el ánimo por las nubes. Primero había dado un golpe de autoridad al vencer como visitante a Deportivo Madryn, un rival directo en la lucha por los primeros puestos. Luego ratificó ese crecimiento con una contundente goleada por 4-0 frente a Central Norte en Santa Fe.
Sin embargo, cuando el contexto invitaba a dar un paso decisivo, Colón mostró otra vez su versión más opaca.
Con una victoria sobre Ferro hubiera quedado a solo dos puntos del líder de la Zona A. La derrota, en cambio, amplió la diferencia a ocho unidades y dejó mucho más complicado el objetivo de terminar primero, posición que entrega la posibilidad de disputar la final por el primer ascenso ante el ganador de la Zona B.
El salto de calidad que nunca llega
La sensación que dejó la actuación en Caballito fue la misma que acompañó a Colón durante buena parte del campeonato. El equipo alterna pasajes de muy buen fútbol con producciones que generan incertidumbre y alimentan las críticas.
Ese comportamiento irregular impide que pueda transformarse en el gran protagonista que muchos imaginaban al inicio de la temporada, teniendo en cuenta la jerarquía de su plantel y el peso específico que representa el club dentro de la Primera Nacional.
Los cuestionamientos no apuntan solamente a los resultados, sino también a la falta de una identidad sostenida. Colón da señales de crecimiento, pero rápidamente vuelve a retroceder y obliga a empezar otra vez desde cero.
Los números muestran una campaña competitiva, pero no alcanzan
En el campeonato, Medrán acumula una campaña que estadísticamente es positiva. Después de 21 fechas, su equipo cosechó nueve triunfos, ocho empates y apenas cuatro derrotas, números que lo mantienen en puestos de Reducido.
Sin embargo, el análisis interno va mucho más allá de las estadísticas. El entrenador todavía no consigue que el equipo responda de la misma manera en los partidos determinantes.
De hecho, en las últimas semanas volvió a quedar reflejado ese contraste. Colón derrotó con autoridad a Deportivo Madryn y Central Norte, pero cayó frente a Chaco For Ever y ahora volvió a tropezar contra Ferro, dos rivales que terminaron condicionando seriamente su aspiración de pelear el liderazgo.
El crédito sigue, pero la exigencia aumenta
Medrán mantiene el respaldo de la dirigencia y todavía dispone de un margen importante para revertir la situación. Sin embargo, cada oportunidad desperdiciada incrementa la presión.
El próximo compromiso frente a Chaco For Ever ya no será solamente una posibilidad para volver al triunfo. También representará una nueva prueba para un entrenador que necesita demostrar que Colón puede sostener una regularidad competitiva.
Porque el gran desafío del ciclo ya no pasa por ganar partidos aislados. Lo que le falta al Sabalero es confirmar, fecha tras fecha, que está preparado para asumir el papel de candidato. Y hasta aquí, esa sigue siendo la materia pendiente del equipo de Medrán.