Hay partidos que trascienden el resultado. Quedan asociados para siempre a una imagen, a una jugada, a un instante que parece detenido en el tiempo. Para el básquet argentino, el 13 de agosto de 2016 tiene uno de esos momentos. Hace exactamente diez años, en el Arena Carioca 1 de Río de Janeiro, Andrés Nocioni recibió una pelota de Facundo Campazzo con Argentina tres puntos abajo y pocos segundos por jugar. Lo que ocurrió después se transformó en una de las postales más inolvidables de la historia de la Selección.
Argentina llegaba al clásico después de haber derrotado a Nigeria y Croacia y de caer ante Lituania. Brasil, anfitrión de los Juegos, también necesitaba ganar para mantener sus posibilidades de clasificación. El partido, por eso, tenía una tensión especial: no era simplemente un clásico sudamericano, sino un duelo que podía definir el futuro de ambos equipos en el torneo. En las tribunas había una enorme presencia argentina y el ambiente en el Carioca 1 era de absoluta efervescencia.
El comienzo fue inmejorable para los dirigidos por Sergio Hernández. Con Nocioni encendido desde el perímetro y Luis Scola haciendo daño, Argentina tomó rápidamente una ventaja de 28-19. El Chapu ya mostraba que aquella tarde podía ser especial: convirtió cuatro triples en ese primer cuarto y terminó convirtiéndose en el gran protagonista del encuentro. Sin embargo, Brasil reaccionó con contundencia en el segundo período. La banca brasileña fue determinante y los locales metieron un parcial de 33-16 para irse al descanso arriba 52-44. El partido había cambiado completamente de dueño.
Argentina no se rindió. En el tercer cuarto volvió a competir de igual a igual y, con Nocioni como bandera y Campazzo comenzando a tomar protagonismo, consiguió acercarse nuevamente. Brasil llegó a sacar diez puntos de ventaja, pero la Selección respondió con intensidad defensiva y ataques rápidos hasta ponerse 64-63 arriba. El último cuarto fue una batalla. Los dos equipos intercambiaron golpes y, a 2:40 del final, una bandeja de Nenê puso a Brasil 83-75. Parecía que el local tenía todo bajo control, pero Campazzo apareció con cuatro tiros libres y un triple para encabezar una reacción que mantuvo con vida a la Argentina.
Entonces llegó la jugada que quedó para siempre. Brasil ganaba 85-82 y Argentina tenía la última posesión. Nocioni repuso desde el fondo y Ginóbili recibió la pelota. Manu intentó un triple ante la defensa de Nenê después de un bloqueo de Scola, pero el lanzamiento no entró. Cuando parecía que la historia estaba sentenciada, apareció Campazzo para capturar un rebote ofensivo extraordinario entre los gigantes brasileños. Facu levantó la cabeza y encontró a Nocioni abierto sobre el costado izquierdo. El Chapu había fallado algunos tiros importantes durante el partido, pero no dudó. “Cuando Facu me la pasó lo único que pensé fue en tirar”, recordó años después en su bigrafía oficial.
El lanzamiento salió con Nocioni desequilibrado después del contacto de Guilherme. La pelota golpeó el aro, subió, tocó el tablero y volvió a caer sobre el cilindro antes de terminar dentro. Triple. 85-85. El Carioca 1 explotó. Los argentinos saltaron, se abrazaron y gritaron mientras Brasil veía cómo se le escapaba un partido que parecía ganado. Ese tiro, además, tenía un significado especial para el Chapu: años antes había tenido dos lanzamientos decisivos que no habían entrado, ante España en las semifinales del Mundial 2006 y ante Rusia en los Juegos de Londres 2012. Esta vez, la pelota decidió entrar. “Fue un partido increíble, una batalla, con dos equipos empujando para adelante. En un momento ya no hubo entrenador, no hubo más asistentes, sólo quedamos los jugadores”, describió Nocioni después del encuentro.
Pero el triple no fue el final: apenas fue el comienzo de otra historia. El primer suplementario terminó 95-95 después de 5 minutos de máxima tensión, y Brasil tuvo la última oportunidad, aunque Raúl Neto falló el triple que podía darle la victoria. En la segunda prórroga, Campazzo tomó definitivamente el control: clavó dos triples consecutivos para poner a Argentina 101-95 y, junto a Manu Ginóbili y el resto del equipo, sostuvo la ventaja hasta el cierre. Finalmente, los dos tiros libres de Ginóbili sellaron el 111-107 definitivo. Nocioni terminó con 37 puntos y 11 rebotes, mientras que Campazzo aportó 33 puntos y 11 asistencias. Entre ambos sumaron 70 puntos y lideraron una victoria que aseguró la clasificación argentina a los cuartos de final.
Diez años después, el resultado sigue siendo importante, pero la memoria colectiva eligió otro número: 85-85. El triple del Chapu ante Brasil no fue solamente una conversión de tres puntos. Fue la imagen de un equipo que se negó a perder, de Campazzo peleando un rebote imposible y de Nocioni tomando el lanzamiento sin miedo. Fue revancha, desahogo y locura en una misma jugada. Y fue, también, una de esas escenas que explican por qué aquella Selección podía hacer gritar a todo un país incluso a miles de kilómetros de casa.