La historia de Julián Álvarez en el Atlético de Madrid tiene dos caras muy distintas. La primera temporada fue de ensueño: siete goles en la Champions League, 17 en La Liga y una proyección que lo ubicaba entre los mejores delanteros del mundo. La segunda fue más irregular, sin títulos y con algunas diferencias con Simeone por decisiones tácticas que fueron marcando el principio del distanciamiento. Cuando llegó el Mundial 2026, todo explotó. "Creo que lo mejor para todos es una transferencia", dijo el cordobés frente a las cámaras, queriendo cumplir así su sueño de jugar en Barcelona. Desde ese momento, el conflicto con el club no paró de escalar y hoy tiene al mercado de pases europeo pendiente de cada movimiento.
El deseo de Julián de salir no era nuevo. Hacia el final de su segunda temporada, el delantero ya no era la pieza irremplazable que había sido en temporada debut. Las diferencias con Simeone por algunos cambios en pleno partido fueron generando un distanciamiento que el propio jugador terminó de confirmar cuando le manifestó a la dirigencia su intención de no cumplir el contrato hasta 2030.
El Real Madrid fue el primero en moverse: a principios de junio anunció públicamente una oferta de 150 millones de euros que el Atlético rechazó de plano y cruzó al Merengue por redes. El Barcelona se sumó después con una propuesta similar y también recibió un no. La respuesta del Atlético fue aún más lejos: denunció al club catalán ante la FIFA por mantener presuntas negociaciones con el jugador mientras este tenía contrato vigente. "Nos faltan el respeto, creen que pueden ningunearnos", dijo Miguel Ángel Gil Marín.
En el medio apareció el Arsenal, que mostró interés real, pero Julián descartó volver a Inglaterra. Con todas las puertas cerradas, el delantero regresó a los entrenamientos tras el Mundial notablemente después que el resto de sus compañeros mundialistas, con el conflicto lejos de resolverse y con pocas ganas que no pasaron desapercibidas. Simeone no lo convocó a los amistosos de pretemporada ni al debut en La Liga ante el Málaga y lo fue sumando de a poco, sin titularidad garantizada.
El segundo partido de Liga ante el Villarreal terminó siendo el momento más tenso de todos. Los hinchas del Metropolitano lo silbaron y al final del encuentro, que terminó 2-2, Julián no se acercó a saludar a la tribuna como hacen habitualmente los jugadores. Se fue solo al vestuario. Jorge Valdano lo resumió con una frase de Cortázar: "Cuando uno dice que se va, es que ya se ha ido. Y si hoy le mirábamos la cara a Julián, ya se había ido."
Al día siguiente, el delantero no se presentó al entrenamiento por una supuesta "indisposición", lo que sumó otro capítulo a una historia que no para de generar titulares. Y mientras en Barcelona Joan Laporta declaró públicamente que siguen "muy interesados" y "listos para comprarlo", el Atlético cerró con un comunicado que no dejó margen para la interpretación: "Se está victimizando al jugador, pero el daño económico y reputacional es para el club. La única víctima del caso Julián somos nosotros. Hay 0% de posibilidades de venderlo al Barça. Esta situación no va de dinero, va de dignidad."
Con Simeone esperando que Julián se reintegre y esté disponible para el partido del sábado ante el Sevilla, el desenlace de una de las novelas más largas del mercado europeo sigue sin fecha de cierre.