Barreda, la nueva película de Prime Video, recupera uno de los casos criminales más recordados de la historia argentina y vuelve sobre una pregunta inevitable para las producciones basadas en hechos reales: cuánto pertenece al expediente y cuánto fue reconstruido para la pantalla.
Ricardo Barreda asesinó el 15 de noviembre de 1992 a su esposa, Gladys McDonald; a sus hijas, Cecilia y Adriana Barreda; y a su suegra, Elena Arreche, dentro de la vivienda familiar de La Plata. El odontólogo fue condenado a prisión perpetua en 1995.
Dirigida por Daniela Goggi, la película tiene a Luis Machín en el papel del cuádruple femicida. Carla Peterson interpreta a Gladys; Mercedes Morán, a Elena; y Maite Lanata y Margarita Páez encarnan a Cecilia y Adriana. La producción combina hechos judicialmente documentados con escenas destinadas a reconstruir una intimidad familiar sobre la cual existen pocos registros.
La escopeta que aparece en la película
La procedencia del arma utilizada en los asesinatos tiene respaldo en la declaración que el propio Barreda brindó durante el juicio. Según sostuvo, la escopeta Víctor Sarasqueta calibre 16 había sido un regalo de su suegra y era empleada para cazar.
La película muestra a Elena entregándole el arma a su yerno, una escena construida a partir de ese testimonio. También recrea lo ocurrido después del crimen, cuando Barreda se deshizo de la escopeta.
El odontólogo declaró que la arrojó en la zona de Punta Lara, en Ensenada. La producción recupera ese recorrido, aunque algunos de sus detalles visuales y diálogos forman parte de la elaboración cinematográfica.
Pirucha existió, pero su responsabilidad nunca fue probada
Uno de los personajes que podría parecer una creación de los guionistas tiene una base real. María de las Mercedes Guastavino, conocida como Pirucha e interpretada por Paola Barrientos, era una vidente cercana a Barreda y declaró durante el juicio de 1995.
De acuerdo con diferentes reconstrucciones del caso, la mujer le hablaba sobre supuestos trabajos de magia negra y alimentaba la idea de que su familia quería matarlo. Su influencia sobre el odontólogo fue discutida durante el proceso, pero nunca se comprobó que hubiera instigado los asesinatos.
La película también muestra que Barreda la visitó después de matar a las cuatro mujeres. Según el relato del psiquiatra forense Miguel Maldonado, el femicida se presentó en su casa y le manifestó: “Me mandé una macana”.
La existencia de Pirucha, su vínculo con Barreda y su participación como testigo están documentados. La dimensión concreta de su influencia, en cambio, continúa dentro del terreno de las interpretaciones.
Las vidas de Cecilia y Adriana
La película intenta recuperar la historia de las cuatro víctimas, durante años relegada frente al protagonismo público que adquirió el femicida. En ese proceso aparecen conversaciones, vínculos y proyectos personales que no siempre pueden verificarse mediante archivos judiciales o periodísticos.
Cecilia es presentada como una joven que planeaba mudarse con su novio y abrir un consultorio odontológico dentro de la propiedad familiar. Adriana, por su parte, aparece preparando su casamiento.
Existen registros de que el novio de Cecilia declaró contra Barreda durante el juicio. También trascendieron testimonios de amigas que describieron comportamientos inapropiados del odontólogo. Sin embargo, buena parte de las conversaciones privadas y escenas cotidianas de las hermanas fueron construidas para darles espesor dramático.
Esto no significa necesariamente que contradigan los hechos conocidos, sino que completan con ficción los espacios que el expediente y las coberturas periodísticas dejaron vacíos.
¿Gladys quería divorciarse y vender la casa?
Otra de las líneas narrativas muestra a Gladys decidida a separarse y vender la vivienda familiar, impulsada por su madre. A diferencia de otros episodios incluidos en la película, no hay documentos conocidos que confirmen que ambas estuvieran preparando la venta de la propiedad.
Las reconstrucciones del caso indican que Barreda y Gladys habían atravesado una separación antes de los asesinatos, aunque seguían casados legalmente. Durante un período utilizaron diferentes sectores del inmueble y posteriormente volvieron a convivir.
La intención concreta de divorciarse y desprenderse de la casa funciona, por lo tanto, como una hipótesis narrativa que la película utiliza para profundizar el conflicto familiar.
“Conchita”, el apodo que pudo haber inventado Barreda
Durante el juicio, Barreda sostuvo que las mujeres de su familia lo llamaban “Conchita” para humillarlo. El apodo adquirió una enorme difusión y fue utilizado durante años como parte de una narrativa que colocaba al asesino en el lugar de un hombre sometido a maltratos.
La película propone otra versión: Barreda habría creado el apodo junto con su defensa para presentar una justificación emocional de la masacre e intentar evitar una condena.
Esa hipótesis fue planteada anteriormente por investigaciones periodísticas, entre ellas la desarrollada por Rodolfo Palacios en su libro Conchita, el hombre que no amaba a las mujeres. Sin embargo, tampoco existe una prueba definitiva que permita establecer si el apodo era empleado por las víctimas o fue inventado posteriormente.
La película transforma esa posibilidad en una escena concreta y toma una posición narrativa. Es uno de los puntos donde la ficción avanza más allá de lo que permiten afirmar los documentos.
Barreda utiliza el juicio, el arma y los personajes reales como columna vertebral, pero recurre a la dramatización para reconstruir la vida privada de una familia asesinada. La clave para el espectador está en distinguir los hechos probados de las escenas creadas para completar aquello que ya no puede ser contado por sus víctimas.