Sociedad - trabajo en equipo

Viernes 04 de Septiembre de 2026 - 10:06 hs

Por qué los empleados que discuten con sus jefes son más valiosos

La inteligencia artificial redefine qué capacidades buscan las empresas. Cuestionar decisiones, detectar problemas y proponer alternativas puede generar más valor que limitarse a cumplir órdenes.

La imagen del empleado ideal comienza a cambiar. Mientras durante décadas las empresas premiaron la capacidad de ejecutar instrucciones con precisión, el avance de la inteligencia artificial obliga a revisar ese modelo y a valorar otras habilidades, como el pensamiento crítico, la iniciativa y la creatividad.

El planteo fue desarrollado por Nir Bashan, especialista en liderazgo y CEO de The Creator Mindset, en un análisis publicado por Forbes. Su tesis es provocadora: los trabajadores más valiosos podrían ser aquellos que cuestionan a sus jefes, siempre que esa resistencia sea constructiva.

La inteligencia artificial ya puede escribir, analizar información, organizar procesos y automatizar numerosas tareas. En ese escenario, limitarse a cumplir una consigna pierde parte de su valor diferencial. En cambio, gana relevancia la capacidad de identificar qué problema debe resolverse y encontrar una respuesta que todavía no fue contemplada.

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Del pedido al problema

Para aprovechar ese potencial, Bashan propone que los líderes dejen de comenzar cada conversación con una tarea cerrada. En lugar de indicar exactamente qué debe hacerse, recomienda presentar el problema y permitir que los empleados exploren distintas soluciones.

El cambio ofrece un mayor margen para pensar, discutir supuestos y advertir fallas. También puede conducir a respuestas diferentes —e incluso mejores— que las imaginadas inicialmente por quien conduce el equipo.

Sin embargo, el modelo requiere que las empresas no castiguen automáticamente el desacuerdo. Cuestionar una decisión no implica necesariamente falta de compromiso o indisciplina: puede ser una forma de comprender mejor el objetivo, anticipar obstáculos y asumir mayor responsabilidad sobre el resultado.

Más allá de los indicadores tradicionales

El análisis también cuestiona la dependencia excesiva de los indicadores tradicionales de rendimiento. Un empleado puede exhibir mucha actividad en un tablero de control y, aun así, aportar poco progreso concreto.

Por eso, además de los KPI (del inglés Key Performance Indicator, o indicador clave de rendimiento)  habituales, las organizaciones podrían evaluar cuántas ideas fueron generadas, qué mejoras se crearon, cuántos obstáculos se eliminaron y qué problemas fueron detectados antes de provocar consecuencias mayores.

La clave no estaría en promover discusiones permanentes ni rechazar todas las instrucciones, sino en construir equipos capaces de expresar desacuerdos fundamentados y ofrecer alternativas. En tiempos de inteligencia artificial, saber ejecutar seguirá siendo importante, pero entender qué conviene hacer —y animarse a cuestionarlo— puede convertirse en la ventaja más difícil de reemplazar.

Fuente: LT10 - FORBES

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