La tranquilidad de barrio Sur se ve alterada por una incesante seguidilla de robos de elementos metálicos y componentes de servicios públicos en la vía pública. En diálogo con LT10, Marcos, un vecino que se desempeña comercialmente en el sector desde hace 45 años, visibilizó la preocupante realidad que atraviesan los frentistas en las inmediaciones de calle 3 de Febrero. Según expuso, el desmantelamiento de las fachadas ornamentales y las conexiones domiciliarias se ha convertido en una constante que afecta a numerosas propiedades del área.
El blanco principal de los delincuentes abarca desde medidores de agua y cañerías de gas hasta picaportes y números domiciliarios confeccionados en bronce. "En las cosas del agua, el bronce, los caños de gas por ahí por calle 3 de Febrero, es increíble la cantidad de robos que se producen por día", advirtió el vecino durante la entrevista radial. Asimismo, remarcó que las viviendas antiguas sufren un despojo total de sus herrajes tradicionales: "No te dejan nada, nada, nada", recriminó al referirse a la pérdida ininterrumpida de manijas y numeraciones metálicas.
Respecto a la modalidad empleada, Marcos señaló que los delincuentes suelen merodear el barrio durante el día para observar las viviendas e intervenir durante la noche. No obstante, las sustracciones no se limitan al exterior de los inmuebles, sino que han derivado en ingresos a propiedades privadas con importantes daños materiales y pérdidas de herramientas. "Me rompieron el vidrio, me levantaron la ventana una vez y me robaron herramientas, elementos, todo de trabajo", relató el damnificado, agregando que en inmuebles linderos se han registrado incluso hurtos de prendas de vestir y calzado.
Por último, los frentistas expresaron un marcado escepticismo ante la respuesta institucional y judicial. Al ser consultado sobre la efectividad de radicar la denuncia policial, Marcos manifestó con desazón: "No se puede hacer nada, hermano, porque si los agarran los dejan salir porque no es un delito grave, es un robo simple". Esta falta de sanciones efectivas profundiza el sentimiento de desprotección entre los vecinos, quienes advierten un deterioro cotidiano en la seguridad del barrio.