La creciente del Paraná, impulsada por las lluvias asociadas al fenómeno de El Niño afecta la fauna acuática a lo largo del cauce del río. En sectores como el puerto de Reconquista, imágenes recientes mostraron a diversas especies de peces agrupadas en la superficie intentando respirar.
El Dr. Pablo Scarabotti, biólogo e investigador del CONICET y del Instituto Nacional de Limnología (INALI-UNL), explicó por LT10 que este comportamiento responde a un mecanismo adaptativo denominado respiración acuática superficial.
"Lo que se puede observar es un conjunto de varias especies boqueando en la superficie. Es una respuesta común cuando disminuye el oxígeno en el agua", señaló. Scarabotti aclaró que no se trata necesariamente de un evento de contaminación, sino de un proceso biológico natural: "Como son áreas recientemente inundadas, la vegetación terrestre no tolera esas condiciones y empieza a morir. Al elevarse la temperatura ambiental, esa descomposición se acelera y consume, por medio de bacterias, el oxígeno del agua".
El investigador detalló además que la oxigenación varía según la geomorfología del lugar. Mientras que el cauce principal del río Paraná mantiene altos niveles de oxígeno por su flujo turbulento y enorme caudal, las zonas de islas y bañados presentan menor circulación y son más susceptibles a la anoxia.
Asimismo, el impacto difiere entre las 350 especies que habitan la cuenca: peces como la tararira o el sábalo resisten mejor o aprovechan la película superficial de aire, mientras que predadores de metabolismo activo como el dorado sufren rápidamente la falta de oxígeno.
Una ventana de oportunidad para la reproducción
A pesar de estos episodios puntuales de mortandad, el incremento del volumen de agua durante la primavera y el verano resulta fundamental para el ciclo biológico del río. El especialista destacó que especies migratorias emblemáticas como el sábalo, dorado, surubí, patí y boga se encuentran en pleno periodo reproductivo.
"En estas condiciones de mucho nivel hidrométrico, estas especies desovan en los cauces principales y las larvas ingresan a los bañados y lagunas, que es donde encuentran refugio y alimento", precisó Scarabotti.
En contraste con los periodos de sequía, la conectividad acuática garantiza la supervivencia juvenil: "Si el río está bajo, las larvas derivan y generalmente mueren por falta de alimento o depredación. Con esta ampliación del ecosistema, hay mayor supervivencia en la etapa juvenil, lo que implica que de acá a un par de años los peces adultos van a ser mucho más abundantes".
La expectativa de recuperación tras la histórica sequía
Este escenario impulsado por El Niño adquiere especial relevancia tras la bajante extraordinaria registrada entre 2019 y 2022. Durante esos tres años de sequía crítica, los peces no solo vieron impedida su reproducción, sino que sufrieron una mayor mortalidad por el hacinamiento y la escasez de alimento en cuerpos de agua reducidos.
A pesar de que en 2022 y 2023 hubo pequeños repuntes reproductivos, el nivel de la pesca en la cuenca continúa en mínimos históricos. Por ello, el sector científico y pesquero observa el fenómeno actual con optimismo: "Estamos esperando con mucha esperanza un fenómeno reproductivo muy favorable que podría mejorar la pesca de acá a un par de años", concluyó el investigador.