Las temperaturas inestables pueden afectar al sistema inmunológico, aumentando el riesgo de infecciones respiratorias y alergias. Adaptar la vestimenta, la alimentación y los hábitos diarios es clave para evitar resfríos, alergias y golpes de calor.
El cuerpo humano necesita tiempo para adaptarse a los cambios de temperatura. Cuando estas variaciones ocurren de manera abrupta:
– El sistema inmunológico se debilita, facilitando la aparición de resfríos y gripe.
– La piel y las vías respiratorias se resecan, lo que puede provocar alergias o problemas respiratorios.
– Aumenta la fatiga y el cansancio, ya que el cuerpo gasta más energía en regular su temperatura.
– Se intensifican dolores musculares y articulares, especialmente en personas con artritis o fibromialgia.
– Pueden favorecer la proliferación de virus y bacterias, aumentando los casos de enfermedades estacionales.
Uno de los errores más comunes es salir con ropa inadecuada. Para evitar incomodidades se recomienda:
Vestirse en capas: permite regular la temperatura corporal a lo largo del día.
Llevar siempre un abrigo liviano: aunque haga calor, la temperatura puede bajar inesperadamente.
Evitar ropa ajustada y sintética, que impida la transpiración y pueda generar cambios bruscos de temperatura en el cuerpo.
Usar calzado adecuado: optar por zapatos cerrados en días frescos y transpirables en los más cálidos.
Otros hábitos que ayudan a mantener el equilibrio del organismo en días de frío y calor:
Hidratación constante: tomar suficiente agua, ya que el calor puede causar deshidratación y el frío puede reducir la sensación de sed.
Evitar bebidas muy frías o muy calientes, para no irritar la garganta ni generar contrastes bruscos en el cuerpo.
Cuidar la alimentación: priorizar frutas y verduras que fortalezcan el sistema inmunológico.
Ventilar los ambientes: mantener la circulación de aire para evitar la acumulación de virus y bacterias en espacios cerrados.
Lavarse las manos con frecuencia, para reducir el riesgo de contagio de enfermedades respiratorias.