"La ciencia es el alma de la prosperidad de las naciones y la fuente de todo progreso", dijo Louis Pasteur (1822-1895), célebre químico y microbiólogo francés, considerado uno de los fundadores de la microbiología moderna. La frase fue pronunciada hace más de un siglo y, hoy, en plena era del conocimiento y la información y de una realidad compleja, adquiere fundamental relevancia, nos interpela y nos obliga a mirar con más cuidado, poniendo el foco en la importancia de poner los resultados de la investigación al servicio de la comunidad, del sector social, del sistema productivo.
“En este día es importante reconocer no solo la vocación y el compromiso de quienes generan conocimiento, sino también el valor estratégico que la ciencia tiene para el desarrollo del país. En el contexto actual de la ciencia en Argentina, atravesado por restricciones, incertidumbre y desafíos institucionales, la tarea de investigar adquiere un significado aún más profundo. Sostener la producción científica en estas condiciones no es solo un acto profesional, sino también un compromiso con la sociedad y con el futuro”, sostiene Larisa Carrera, secretaria de Ciencia, Arte y Tecnología UNL.
En el marco del Día del Investigador e Investigadora Científicos, un grupo de investigadores de la Universidad Nacional del Litoral y del CONICET reflexionan sobre este presente y sobre el valor de toda la ciencia: tanto la investigación básica, que amplía las fronteras del conocimiento, como la aplicada, que transforma ese conocimiento en soluciones concretas para la sociedad. Una y la otra son esenciales y deben fortalecerse de manera articulada.
“Sin ciencia básica no hay innovación sostenida (…) sin ciencia aplicada el conocimiento no se traduce en beneficios sociales y productivos. Un sistema científico requiere sostener ambas áreas de manera articulada”, indica María Eugenia D'Alessandro, docente de la Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas (FBCB – UNL) e investigadora de CONICET y enfatiza: “Argentina tiene una tradición sólida en investigación básica, a través de las universidades públicas, el CONICET y diferentes organismos de Ciencia y Tecnología. No sólo genera conocimiento, sino que forma capacidades intelectuales y técnicas que sostienen la innovación a largo plazo. En síntesis: la ciencia básica es un motor fundamental del desarrollo científico y tecnológico”.
En el mismo sentido, Albana Marchesini, docente de la Facultad de Ingeniería Química (FIQ-UNL) e investigadora del Instituto de Investigaciones en Catálisis y Petroquímica (INCAPE UNL-CONICET) explica: “La ciencia básica busca comprender fenómenos y generar conocimiento fundamental, mientras que la ciencia aplicada intenta resolver un problema concreto utilizando ese conocimiento. Sin embargo, en la práctica ambas están profundamente conectadas. Muchas veces una pregunta básica termina generando una aplicación inesperada, y los problemas aplicados impulsan nuevas preguntas científicas”.
“Nuestra investigación se inscribe dentro de la ciencia básica porque buscamos comprender los mecanismos que luego permiten desarrollar soluciones tecnológicas e impactan directamente en la salud ambiental, la calidad de vida y el desarrollo sostenible”, subraya Albana Marchesini y prosigue: “Es cierto que hoy enfrentamos desafíos vinculados al financiamiento de la ciencia, pero también vemos cómo las comunidades científicas buscan nuevas estrategias: cooperación internacional, proyectos interdisciplinarios y vínculos con el sector productivo. Esta capacidad de adaptación y colaboración es una de las grandes fortalezas de la ciencia argentina”.
Para la docente de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas (FICH-UNL) e investigadora del CONICET Daniela Kröhling, cuyo área de estudio es la geología y su rol en la prevención y gestión de riesgos naturales es importante destacar que “La ciencia básica es clave para un desarrollo económico sostenible. En nuestra disciplina, al generar conocimiento propio, el país aprovecha sus recursos naturales de manera más eficiente y responsable, evitando su sobreexplotación y reduciendo impactos ambientales. Esto garantiza la continuidad de las actividades productivas a largo plazo. El conocimiento de los procesos naturales que han modelado el paisaje es clave para anticipar transformaciones futuras del entorno natural y aportar a los modelos de pronóstico. La inversión pública en estas áreas contribuye directamente a la prevención y gestión de riesgos naturales. El análisis geomorfológico permite identificar zonas anegables y sujetas a inundaciones extremas, deslizamientos de barrancas, erosión y salinización de suelos, sismos, erupciones volcánicas, entre otras; facilita, además, la planificación territorial y la toma de decisiones por parte de los organismos nacionales y provinciales”, explicó Kröhling.
Por su parte, y con su mirada puesta en el área de la arquitectura Cecilia Parera, docente-investigadora de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (INTHUAR FADU-UNL) agregó: “Confío que en un futuro próximo este panorama adverso pueda revertirse, consensuando estrategias y definiendo prioridades, ya que sin investigación la universidad pública perdería uno de sus pilares fundamentales”, expresa Parera.
En tanto, Manuel Berrón, docente de la Facultad de Humanidades y Ciencias (FHUC-UNL) e investigador del Instituto de Humanidades y Ciencias Sociales del Litoral (IHUCSO UNL-CONICET), se explayó respecto a esta interrelación entre ciencias básicas y aplicadas y sostiene: “para quienes investigamos en ciencias básicas no pensamos en las consecuencias, en los posibles efectos. Sin embargo, no es posible que exista la ciencia aplicada sin ciencia básica. Y esto sucede en el terreno de la física, de la biología, de la ciencia política o de la filosofía”.
Aunque diversas, las opiniones de nuestros/as investigadores/as se centran fundamentalmente en el sentido último de la ciencia y su desarrollo, en la importancia para el medio y en dar valor a la misión fundamental de la universidad pública, tal y como establece en su Art. N.º 79 el estatuto de nuestra casa: “La investigación y desarrollo científico, técnico, humanístico y artístico, deberá generar conocimientos, fortalecer la enseñanza y nutrir a la extensión universitaria, favoreciendo la innovación en el medio socio productivo, tendiendo a la apropiación social de los conocimientos y contribuyendo con la calidad de vida de la población. La investigación y desarrollo se llevarán adelante en un marco de respeto del medio ambiente y la ética de las ciencias”.
Que así sea.