La irrupción de la inteligencia artificial en el sistema de salud ya impacta de lleno en la práctica médica y en la relación con los pacientes. En ese contexto, el neurólogo argentino Mauricio Farez señaló que estas herramientas "se han ido metiendo de a poquito" y hoy abarcan desde tareas administrativas hasta funciones clínicas más complejas, aunque advirtió sobre la necesidad de un uso seguro.
Sus declaraciones se dan en un escenario donde la Sociedad Argentina de Cardiología publicó recientemente un consenso sobre salud digital, que busca establecer parámetros frente a la expansión de estas tecnologías.
Farez explicó que actualmente la inteligencia artificial se utiliza en múltiples niveles: “Tenemos desde aplicaciones que ayudan a hacer resúmenes de historia clínica, hasta la gestión o aprobación de recetas o medicamentos”, indicó. Sin embargo, remarcó que el mayor desafío está en su aplicación clínica: “Todavía falta mucho por hacer en diagnóstico, sugerir tratamientos o recomendar cursos de acción”.
En ese sentido, advirtió que los profesionales deben prestar especial atención: “Tenemos que tener el foco bien puesto para que estas herramientas se utilicen de manera segura y aporten valor, sin poner en riesgo la seguridad de los pacientes”.
El especialista también describió un cambio significativo en el comportamiento de los pacientes. “Más del 80% ya vienen a la consulta habiendo hecho una consulta previa informal con inteligencia artificial”, afirmó, y relató casos en los que los pacientes contrastan en tiempo real lo que dice el médico con herramientas como ChatGPT.
Para Farez, este fenómeno forma parte de una evolución en las fuentes de información: “Hace 15 o 20 años venían con lo que les decía un familiar, después fue Google y hoy es la inteligencia artificial”, explicó. A su vez, consideró que la IA representa un avance en términos informativos, ya que permite un diálogo más dinámico y explicaciones más claras.
Frente a este escenario, el neurólogo planteó que no es posible ni conveniente prohibir su uso: “No podés impedir que la gente use inteligencia artificial”, sostuvo, y agregó que puede ser una herramienta útil para resolver dudas fuera del horario de consulta.
En lugar de rechazarla, propuso integrarla al vínculo médico-paciente: “Está bueno incorporarla a la consulta: preguntar qué le dijo la inteligencia artificial, qué dudas le generó y validar esa información”, explicó. Según indicó, esto permite corregir interpretaciones erróneas sin confrontar con el paciente y, en algunos casos, incluso sumar nuevas perspectivas.
De este modo, Farez planteó que el desafío no pasa por frenar el avance tecnológico, sino por regular su uso y adaptarlo a la práctica médica, en un contexto donde la salud digital ya forma parte de la atención cotidiana.