Fútbol - Descatado

Lunes 03 de Agosto de 2026 - 10:24 hs

Pulga tiene a su sucesor: heredó su apodo y es el goleador de la Liga tucumana

Nicolás “Pulga” Rodríguez tiene 29 años, juega como delantero en Alto Verde de Simoca y marcó 12 goles en el Apertura.

El apodo parece una ironía. Nicolás Rodríguez mide 1,82 metros, tiene potencia física, se destaca en el juego aéreo y está lejos de responder a la descripción habitual de una “Pulga”. Sin embargo, dentro del fútbol tucumano muchos lo conocen de esa manera. La explicación está en su familia. Nicolás es sobrino de Luis Miguel Rodríguez, uno de los futbolistas más importantes de la historia de la provincia, e hijo de Walter Rodríguez, quien también tuvo una trayectoria en el fútbol y vistió las camisetas de Ñuñorco y Atlético Tucumán. “Yo creo que el apodo viene por el lado de mi familia, por ser sobrino del ‘Pulga’. De ahí me fueron bautizando así”, explicó el delantero de Alto Verde de Simoca.

Aunque las personas más cercanas suelen llamarlo “Nico”, el sobrenombre aparece con frecuencia dentro del ambiente futbolístico. “Los que me conocen me llaman por mi nombre. Los que no, quizás me dicen ‘Pulga’ por cariño o por la relación familiar”, señaló.

El goleador del Apertura

Rodríguez tiene 29 años y atraviesa uno de los mejores momentos de su carrera. Convirtió 12 goles y actualmente se posiciona como el máximo artillero de la Liga Tucumana, aunque Alto Verde ya quedó eliminado del torneo Apertura. “No es la primera vez que me toca ser goleador. También lo conseguí en otros torneos. Estoy muy contento porque todo esto es producto del sacrificio y del trabajo que uno realiza”, afirmó.

El atacante dio sus primeros pasos precisamente en Alto Verde, el club al que pertenece actualmente. Más adelante pasó por Unión Simoca, con el que consiguió un ascenso, antes de regresar a su institución de origen.

Su carrera también pudo haber tomado otro rumbo. Cuando tenía entre 19 y 20 años viajó a Buenos Aires para realizar una prueba en Quilmes. Permaneció allí durante una semana y recibió la posibilidad de regresar para instalarse definitivamente en la pensión del club. “Tenía que volver a la semana siguiente para quedarme, pero por una u otra cuestión decidí no ir. La oportunidad la tuve”, relató.

A pesar de que pasó casi una década desde aquella experiencia, Rodríguez no descarta la posibilidad de competir en una categoría superior. “Me encantaría salir, cambiar de aire y tener otra oportunidad. Estoy tranquilo, pero, si llega un club más grande y tengo la posibilidad de irme, tomaría la decisión sin pensarlo”, aseguró.

Un delantero completo

A la hora de describirse dentro de la cancha, el goleador no duda. Aunque es naturalmente zurdo, destaca su capacidad para manejar ambos perfiles, su velocidad y su fortaleza en el juego aéreo.“Me considero un jugador completo. Manejo bien los dos perfiles, soy rápido, voy muy bien arriba y soy fuerte a la hora de atacar”, detalló.

Su polifuncionalidad también quedó demostrada a lo largo de los años. Jugó en distintos sectores del campo e incluso comenzó como arquero cuando era chico. “Me tocó jugar en defensa, en el mediocampo y también de arquero. Podría cumplir cualquier función tranquilamente, pero donde más cómodo me siento es arriba, cerca del gol y finalizando las jugadas”, indicó.

El vínculo con Luis Miguel Rodríguez inevitablemente genera comparaciones, pero Nicolás asegura que nunca lo vivió como una presión.“Lo llevo con tranquilidad. Me siento orgulloso de la familia de la que vengo, tanto en lo personal como en lo futbolístico. Son personas muy importantes por sus trayectorias y también por cómo son fuera de la cancha”, expresó.

Una jornada especial en Santa Fe

Ese vínculo familiar le permitió vivir un momento especial: la despedida de Luis Miguel Rodríguez en Santa Fe. Nicolás había disputado horas antes un partido de la Liga Tucumana con Alto Verde frente a Santa Rosa de Leales. “Cumplí con el club y, cuando terminó el partido, regresé en un auto particular hasta Simoca. Preparé el bolso y salimos hacia Santa Fe para acompañarlo en su despedida”, contó.

La exigencia fue doble. Después de jugar durante el día en Tucumán, volvió a ponerse los botines durante la celebración nocturna. “Jugué dos partidos en el mismo día, pero estaba muy contento. Pudimos compartir un rato, acompañarlo y disfrutar de un momento muy importante para él”, agregó.

Entre el taller y la cancha

Como muchos jugadores de la Liga Tucumana, Rodríguez divide sus días entre el fútbol y su actividad laboral. Durante la mañana trabaja como soldador en un taller de herrería y, por la tarde, se traslada al club para entrenarse. “Trabajo con soldadura porque sinceramente me gusta y porque también disfruto aprender. Después, por las tardes, voy al club”, explicó.

Alto Verde quedó eliminado del Apertura, pero el plantel ya comenzó la preparación para el próximo campeonato. El equipo lleva varias semanas de trabajo con el objetivo de llegar en buenas condiciones al Clausura. “El primer objetivo será clasificar. Después siempre hay que aspirar a algo grande: jugar una semifinal, llegar a una final y, si tenemos la suerte de ascender, mucho mejor”, sostuvo.

Rodríguez también dejó un mensaje para los jóvenes que buscan abrirse camino en el fútbol provincial. “Es un deporte muy lindo, que a todos nos gusta. Hay que trabajar, entrenarse con seriedad, aportar siempre al grupo y tratar de mejorar día a día para poder conseguir cosas importantes”, remarcó.

El próximo “Pulguita”

Mientras Nicolás intenta prolongar su condición de goleador, en la familia ya asoma un posible heredero. Su hijo Camilo Nicolás tiene seis años, juega al fútbol y también comenzó a ser llamado “Pulguita”. “Ya lo bautizaron con ese apodo. Le encanta el fútbol y juega muy bien. Desde muy chico está todo el tiempo con la pelota”, contó.

La pasión del niño llega incluso hasta la hora de dormir.“Cuando se va a la cama, lo primero que hace es agarrar la pelota y los botines para llevarlos con él. Al otro día, cuando se despierta, son las primeras cosas que busca”, reveló Nicolás.

El apodo, entonces, parece tener continuidad asegurada. Primero fue Luis Miguel, después Nicolás y ahora Camilo. Una familia en la que el fútbol se transmite de una generación a otra, aunque el actual goleador de la Liga Tucumana tenga poco de petiso y mucho de centrodelantero..

Fuente: lagaceta

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