Un grupo de familiares de personas privadas de la libertad trasladadas en forma reciente desde la Unidad Penitenciaria Nº 2 de Las Flores hacia la recién inaugurada Unidad Nº 9 de Recreo denunció graves deficiencias en la infraestructura del nuevo penal, maltratos e inasistencia básica hacia los internos. Según explicaron, los reclusos —quienes pertenecían a un pabellón de conducta, disciplina y culto cristiano— permanecen aislados, sin suministro eléctrico ni cocina funcional, y sufren la falta de alimento y abrigo en medio de las bajas temperaturas.
"A los chicos los trajeron desde un pabellón donde estudiaban y trabajaban para reinsertarse en la sociedad, y acá los pusieron en celdas donde son maltratados. Les quitaron sus pertenencias, entraron con lo puesto y no tienen ni una frazada", relató una de las voceras del reclamo. Además, advirtió sobre la extrema escasez de comida en la dependencia: "Les dan raciones mínimas de arroz hervido con lentejas en bolsitas; el que alcanza a comer, come, y el que no, no. Se están enfermando".
Los allegados señalaron que conocen la situación a través del propio personal penitenciario que ingresa al penal y por el testimonio de los internos que recuperan la libertad. "Nos comunican que están desesperados. No piden milanesas ni papas fritas; piden un poco de pan y una frazada. Si el Estado o el Ministerio de Seguridad no tienen recursos, solo pedimos que nos autoricen a acercarles nosotros mismos una bolsa con pan y abrigo", manifestaron.
Los familiares hicieron un llamado urgente a los organismos de Derechos Humanos y a las autoridades judiciales y provinciales para que se haga presente una inspección en el predio ubicado a la vera de la ruta. "Es todo muy hermético. Nadie nos da explicaciones de por qué trasladaron a un pabellón de conducta a un penal que no está habitable. Pedimos empatía: más allá de que están pagando una condena, hay leyes que garantizan sus derechos básicos y nadie las está cumpliendo", concluyeron.