Hay partidos que se ganan jugando bien y otros que se ganan reaccionando a tiempo. Colón, en cambio, tiene una cuenta pendiente que empieza a ser demasiado evidente: cuando recibe un golpe, casi nunca consigue levantarse.
Contra Morón estaba obligado a ganar. Era una oportunidad para descontar, meter presión y volver a acomodarse en la pelea por el primer puesto. Pero lo más preocupante no es solamente la derrota. Es que la historia se repite. En toda la Primera Nacional, Colón apenas consiguió dar vuelta un resultado: fue ante Deportivo Madryn, como visitante, en aquel 2-1. Después, cuando comenzó perdiendo, apenas pudo rescatar algunos empates. Nunca volvió a transformar una desventaja en una victoria.
Para un equipo que pretende ser protagonista, el dato pesa. Porque en un torneo tan parejo no siempre alcanza con jugar bien de entrada. También hay que saber responder cuando el rival pega primero. Colón falla. La tabla todavía le permite mantener viva la ilusión del primer puesto, pero las sensaciones empiezan a ser diferentes. Esta falta de respuestas ante la adversidad hacen cada vez más difícil imaginarlo sosteniendo una pelea larga por la cima.
Por eso ya aparece otra discusión: ¿el objetivo empieza a ser asegurar el tercer puesto y llegar fuerte a la definición? Las matemáticas todavía no obligan a resignar nada. El fútbol, en cambio, empieza a dejar señales. Y una de las más claras es esta: Colón casi nunca sabe cómo cambiar una historia cuando empieza perdiendo.