Lionel Messi se despidió este martes de la Selección en una noche inolvidable que quedará para siempre en la memoria de todos los argentinos.
La goleada 3-0 a Benín es anecdótica. Lo más importante es que Messi pudo jugar por última vez con la camiseta Albiceleste frente a su público, que le devolvió tantos años de alegría y magia con una ovación y una fiesta que no se borrará nunca en la historia.
La historia de Messi debería ser ensañada en todas las escuelas para que las nuevas generaciones sepan que nada es imposible y que, incluso cuando parece que todo está perdido, aún es posible revertir la situación.
Leo tuvo que dejar su Rosario natal cuando tenía solo 13 años. Su destino fue la ciudad de Barcelona, en España, que se hizo cargo del tratamiento para que pudiera dejar atrás sus problemas de crecimiento.
Aquel tratamiento no era nada fácil. Messi tenía que inyectarse hormonas de crecimiento todas las noches y la cosa empeoró aún más cuando gran parte de su familia se volvió a la Argentina.
Su gran compañía durante ese periodo fue su padre, Jorge, quien fue su sostén incluso cuando ya estaba en lo más alto del fútbol mundial. Con la Selección argentina las cosas tampoco fueron fáciles para Messi, ya que durante años estuvo detrás un un título con la mayor que le era esquivo.
Incluso llegó a renunciar a la Selección después de aquella durísima derrota por penales ante Chile en la final de la Copa América 2016, en la que erró su ejecución desde los 12 pasos.
Pero Leo volvió y llegó aquel olvidable Mundial de Rusia 2018, donde parecía que finalmente su etapa con la "Albiceleste" sí había llegado a su final.
Sin embargo, ese Mundial marcó el punto de inflexión para que Messi renaciera en la Selección argentina. A partir de allí se lo vio en modo capitán como nunca antes había ocurrido, cargándose al hombro a la nueva camada para guiarla hacia la gloria.
Su primer título con la Selección Argentina finalmente llegó en la Copa América 2021, pero no se conformó con aquello ya que después ganó la Finalissima y el Mundial de Qatar en 2022 y una nueva Copa América en 2024. Con 39, parecía que el Mundial 2026 llegaba de yapa. Pero Messi volvió a brillar ante los ojos del mundo con una actuación descomunal que terminó de agigantar su leyenda.
Durante su última participación en un Mundial, Messi hizo ocho goles y entregó cuatro asistencias para guiar a sus compañeros hacia la final. Todo esto con su padre en un estado de salud extremadamente delicado, tal como se supo después.
Incluso con nivel suficiente para seguir en la Selección, Messi demostró su grandeza y decidió finalizar su ciclo luego de 21 años para darle lugar a los nuevos jugadores que asoman.
Este martes, en el Estadio Monumental y en las casas de todos los argentinos se cerró un ciclo que será recordado incluso dentro de varios siglos.
Se despidió Messi. Se despidió el jugador que demostró que incluso cuando todo parece estar perdido, todavía se puede llegar al objetivo.
Se despidió el niño que no crecía y que no solo se convirtió en el más grande y llegó hasta el cielo, sino que se metió en el corazón de todos los argentinos.