Educación - Glaucoma

Viernes 15 de Abril de 2016 - 11:26 hs

Estudian la compatibilidad de un implante

Santafesinos estudian los posibles efectos adversos que pueden provocar las radiaciones que producen distintos aparatos en un sistema de microválvulas para contrarrestar la hipertensión ocular.

Actualizado: Viernes 15 de Abril de 2016 - 11:43 hs

Hace una década que investigadores santafesinos trabajan en darle una solución al problema del glaucoma y lo hacen por medio de un sistema de microválvula que reducen la presión ocular, el principal problema de la enfermedad que es la primera causa de ceguera a nivel mundial. Ahora trabajan en un detalle no menor: las interferencias que distintos aparatos le producen al dispositivo.

La solución está en estudio, ya que forma parte de una tesis de doctorado iniciada en 2012 y que finalizará en 2017, y que solucionaría un gran problema que posee una microválvula ideada por un equipo liderado por Fabio Guarnieri, investigador del INTEC (UNL-CONICET). “Este tipo de implantes sería un último recurso cuando los demás tratamientos fallaron. Posee una cánula, que se coloca dentro del ojo, que permite bajar la presión intraocular y un mecanismo activo que regula la cantidad de humor acuoso que drena y que precisa energía, la que se provee por medio de una especie de transformador con dos antenas alineadas y que transfiere energía por medio de un campo electromagnético. El paciente tiene una antena en su ojo y otra afuera, en un dispositivo externo, que le transfiere energía a la primera”, detalló Federico Schaumburg, el autor del trabajo.

Habida cuenta de la forma de alimentar al implante, los investigadores analizan también si se producen problemas en los tejidos del ojo o en el aparato en sí cuando se encuentra expuesto a otros campos magnéticos. “Un microondas, un detector de metales, los radares, un cable de la red eléctrica o un router de wifi, por ejemplo, pueden producir que el aparato funcione mal”, sostuvo Schaumburg.

Modelos

“El problema surge cuando la persona queda expuesta a algún campo electromagnético que no sea el propio del aparato como, por ejemplo, un detector de metales, un microondas o los sistemas de vigilancia de los comercios que usan antenas. Todos esos aparatos y muchos más emiten radiación”, agregó Schaumburg, doctorando de Ingeniería en la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas (FICH) de la UNL.

En su proyecto estudia cómo esos campos electromagnéticos interactúan con el implante, si generan efectos adversos en el paciente. “Trabajamos con modelos numéricos, que son una forma de simular la realidad en una computadora. En particular usamos el método de los elementos finitos, que permite obtener una solución simplificada del problema en una geometría compleja”, comentó.

En este sentido, afirmó que se deben construir modelos para cada tipo de radiación electromagnética y evaluarlos, lo que complica más el trabajo. “Mientras más pequeño sean los implantes es mejor la respuesta del cuerpo, de los tejidos, la respuesta inflamatoria. Sin embargo, lo que nos limita es el tamaño de la antena. Pero dada que esta es la forma de alimentar al implante debemos ver si hay algún tipo de efecto adverso o nocivo en el paciente o en el aparato en sí”, consideró.

Efectos adversos

Una vez evaluados esos modelos, Schaumburg estudiará la representación de cada frecuencia, además de investigar qué sucede con los tejidos cuando el implante está expuesto a la radiación. “Queremos saber, por ejemplo, qué pasa cuando la antena comienza a producir calor en determinada frecuencia. Un campo electromagnético puede producir dolor, aumento de la temperatura de los tejidos, o la estimulación de algún nervio: se puede escuchar algún sonido molesto, por ejemplo. En el caso de la microválvula, el efecto más importante es el térmico y queremos evaluarlo para cada frecuencia”, consideró.

De acuerdo con Schaumburg, existen normas que especifican muy bien el espectro de señales electromagnéticas a las que estamos expuestos todos los días. “Es un universo más grande de lo que pensamos. Hice un estudio de las fuentes cotidianas y luego me basé en una norma para implantes cocleares, que tienen aspectos en común con las microvávulas, para evaluar los riesgos que puede conllevar la exposición a radiaciones electromagnéticas. También adapté esa norma, ya que no contemplaba algunos puntos, agregándole algunas frecuencias de estímulo”, abundó.

De esta manera, armó un modelo computacional para cada frecuencia de estímulo, que evaluará específicamente. Una vez hecho ese trabajo, el próximo paso será ver la manera de contrarrestar los efectos adversos. “El fin es que el aparato sea menos sensible a las radiaciones. Se pueden poner filtros o encriptar la comunicación, por ejemplo, que es un trabajo que dependerá de los investigadores que trabajan en el diseño. Son soluciones ya estudiadas”, finalizó Schaumburg.

Fuente: Prensa UNL